Publicación que documenta la pérdida de patrimonio edilicio frente a transformaciones del mercado inmobiliario. Tiempo Argentino | Clarín
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Al rescate de los edificios demolidos en la Ciudad: los influencer que saltaron de las redes a un libro
- Natalia Kerbabian dibuja hace más de 3 años edificaciones que están por demoler y lo publica en sus redes.
- El libro que presenta junto a otro influencer y el rol de los vecinos.
Natalia Kerbabian cuenta que lo venía pensando desde 2021, cuando volvió a caminar las calles porteñas después de las restricciones por la pandemia de Covid. Pero en junio de 2022, al ver que tiraban abajo tres casonas edificadas en 1888, ubicadas en Olazábal y Vidal, Belgrano, se decidió.
Así nació “Ilustro para no olvidar”, un proyecto que ya incluye más de 200 dibujos suyos de edificaciones en su gran mayoría demolidas o en riesgo, tras la aprobación del Código Urbanístico de la Ciudad de Buenos Aires en 2018, actualizado el año pasado.
Se trata de “memorias visuales”, suele definir Kerbakian, propias y ajenas, o mejor dicho, compartidas.
Sucede que Kerbabian (Buenos Aires 1982), arquitecta, dibujante, diseñadora, artista textil (“soy creando”, resume), difunde las ilustraciones, fotos e información en sus redes sociales (@ilustroparanoolvidar), donde los seguidores suman denuncias, experiencias, datos y opiniones. “Un gran laburo colectivo, que ya incluye unos 1.000 relevos”, cuenta a Clarín.
“Unos seis meses después del lanzamiento de 'Ilustro para no olvidar' había registrado al menos 50 arquitecturas y había llegado a mucha gente. El proyecto fue muy expansivo. ¿Por qué? Pienso que, de golpe, estaba canalizando de una manera amable una situación violenta que afectaba a muchas personas que se sentían expulsadas, acorraladas, despojadas de su paisaje, embebidas en nostalgia”, agrega.
"Ilustro para no olvidar" fue declarado de Interés por la Legislatura porteña y Kerbakian obtuvo el premio Soy Arquitecta 2024 en la categoría Divulgadora.
Ahora Kerbabian publicó Memoria de Buenos Aires (Ediciones Futurock), junto con Fabio Márquez, especialista en diseño de paisajes y administrador de @paisajeante, espacio de difusión también declarado de Interés por la Legislatura.
“El libro surge como registro y como una forma más de expresión. La editorial propuso la coautoría e inmediatamente apareció Fabio porque nuestros proyectos coexisten orgánicamente”, indica Kerbakian. Ella se centró en los dibujos y él, en los textos.
Márquez es licenciado en Diseño del Paisaje y docente universitario. Cuenta que trabaja sobre biodiversidad urbana, diseño participativo, patrimonio del paisaje y sostenibilidad ambiental.
“Paisaje urbano” se titula uno de los primeros capítulos de Memoria de Buenos Aires. “Trabajo lo urbano desde el concepto de paisaje. El paisaje es una construcción cultural y, por lo tanto, subjetiva; somos el paisaje que habitamos”, indica Márquez a Clarín.
“Cuanta más información del paisaje tenemos de modo sensible, más elementos para valorarlo desde aspectos culturales, políticos, sociales, ideológicos, que hablan sobre lo que queremos, lo que no queremos, lo que queremos conservar o de qué manera lo querríamos transformar”, explica.
Memoria de Buenos Aires. Valor 40 mil pesosKerbabian y Márquez se tomaron dos años en “macerar”, dice ella, el libro Memoria de Buenos Aires. Y aclara: “Lo pensamos no sólo para mostrar lo que sucede sino como semilla, para generar conciencia, como pro positivo. Por eso, además de los demolidos, pusimos ejemplos de edificios conservados y salvados".
"Este trabajo no tiene una bajada partidaria pero es político porque atañe a los ciudadanos que afectamos el espacio en que vivimos y que tenemos capacidad de elegir”, agrega Kerbakian.
Los dibujos de Kerbabian de edificios demolidos y preservados conviven en las páginas de Memoria de Buenos Aires con breves descripciones de estilos (neoclásico, art nouveau, art decó, neocolonial, californiano, entre otros).
También aparecen en el libro recuerdos (“Alfonsina Storni solía recitar sus poemas en el Cine Minerva -Rivadavia 7428, demolido- para recaudar fondos y poder pagar una habitación para dormir con su hijo”).
Los textos que se estructuran en capítulos por áreas temáticas. Van desde “¿Cuál progreso?” y “Cuestiones legales” hasta “Hace falta un plan”, con críticas y propuestas.
Buenos Aires, la reina diversa
-¿Qué criterios usaron para seleccionar los edificios para el libro?
Kerbabian: -La diversidad, la austeridad y no, la belleza, los barrios. Vas a encontrar el Palacio Barolo de Mario Palanti, que es deslumbrante; arquitecturas de Virginio Colombo en riesgo; casas chorizo, típicas de acá y de Uruguay que, increíblemente, a pesar de ser una expresión nuestra, están en extinción. Es decir, existen casos de rehabilitación y de recuperación ciudadana, como lo fue Caminito y más cerca, el del Centro Cultural Cepas en Villa Urquiza. La verdad es que no alcanza un libro para exponer todo lo que quisiéramos.
Márquez: -Nos enfocamos también en elementos del micro paisaje porteño, como tapas de antiguos servicios, como del tranvía, o de empresas eléctricas, y buzones. Si bien el objetivo del libro es la arquitectura patrimonial vulnerable, en riesgo, los incluimos para señalar que desde lo más grande hasta los pequeños detalles constituyen diálogos articulados que, a modo de palimpsesto, nos van contando la historia de la Ciudad. Además, está bueno que sea parte de la vida cotidiana de quienes la habitamos, si nos permitimos observarlos.
-¿Cómo fue la investigación sobre la historia y valor de cada edificio?
Kerbabian: -Cada caso es único. Muchas veces suele estar subrayado y completado hasta por quienes vivieron ahí. Cuando compartimos en las redes, esas personas aparecen y nos enriquecen. "Ilustro para no olvidar" se apoya en la ciudadanía activa.
Márquez: - Tampoco hubo que investigar la historia o las cualidades de cada edificio especialmente, porque manejamos esa información en nuestras actividades. El tiempo que nos llevó es, en realidad, la capitalización de años de dedicación. En todo caso, el mecanismo para decidir qué incluir fue más bien por sustracción.
Alma porteña
-¿Por qué los barrios?
Kerbabian: -El acervo cultural, identitario, paisajístico, esa mixtura que conforma la Ciudad de Buenos Aires, existe en todos los barrios. A su vez, cada barrio tiene una identidad en sí mismo. Pero constantemente se da un diálogo de distintas tipologías en armonía que habla de una diversidad de culturas que se expresan en una única, que para mí es la cultura del alma de Buenos Aires. Entonces, en mis ilustraciones, trabajo la pérdida de lo que como ciudadanos disfrutamos y reconocemos como la Buenos Aires toda, no sólo el Casco Histórico y otros espacios dedicados a la conservación.
Márquez: -Es importante que el patrimonio cultural arquitectónico pueda visualizarse en toda su dimensión y no sólo por aquellas construcciones más ostentosas. En los barrios hay arquitectura doméstica más de escala local, que tiene tanto valor como patrimonio cultural como cualquier palacio francés. Son construcciones que fueron marcando épocas y que son hitos en el lugar en el que se encuentran. Puede que no tengan grandes apellidos detrás, pero son protagonistas por sus materialidades, diseño o particularidades, especialmente a partir de sus fachadas, que son las que dialogan con el espacio público e integran el paisaje urbano.
-¿Cómo definen el patrimonio porteño?
Kerbabian: -Sucediendo. No es sólo lo antiguo sino aquello que propone cultura, identidad, elementos para enriquecer nuestro diálogo, nuestras experiencias, ese que nos hace encontrar, que se conforma con arquitecturas vinculares.
-¿Y el concepto de preservación?
Kerbabian: -Abarca varios escenarios. Por un lado, entender que una arquitectura añosa puede cumplir un servicio y que es recontra plausible conservarla y mantenerla. Solo que no está enseñado ni hablado lo suficiente. Ese pensamiento instalado acerca de la incapacidad de sostener una edificación antigua por todo lo que implica económicamente, en muchas ocasiones es una falacia, porque son arquitecturas que con solidez o capacidad espacial de proveer servicios, asoleamiento, verde, una propuesta a nivel salud, por ejemplo.
-Faltan mayores incentivos.
-Kerbabian: - Por ejemplo, no hay préstamos ni empujes para fomentar y premiar la preservación, como la exención de ABL, que sería un empujón para el que vive esa propiedad pero un billete menos para la recaudación. Son cuestiones evidentes, hablan por sí mismas. También está la idea del existimo, lo cool, que ni se nombra español, se usa un lenguaje que despersonaliza y desarraiga.
-¿Cuáles son las claves de la idea de preservación que plantean en el libro?
Kerbakian: -El conocimiento, la educación, el darse cuenta de lo que da espacio de expandir las cualidades, valorar los oficios y entender la propuesta de la arquitectura antigua, como el derecho al sol y al cielo que la arquitectura más bien baja y en tejidos consolidados en general permite. Y que a veces adquirir una propiedad añosa y ponerla en valor puede convenir en vez de comprar algo de mala calidad con valores similares o exacerbados y que más adelante va a implicar una demanda económica muy alta. Todo apuntando a que podamos seguir sintiendo que estamos en Buenos Aires, a que no perdamos eso que nos hace porteños.
-La idea no es obviamente preservar todo. Lo que está vivo, cambia. ¿Cuál es el límite?
Kerbabian:-Claramente las ciudades están en constante movimiento. Pero cuando eso es coherente con las necesidades de los habitantes, les permite desarrollarse. Creo que hoy no sucede. Si es arquitectura irremplazable y sólida, que sirve para ser repensada y habitada, ¿por qué demolerla? Las leyes tienen que acompañar, impidiendo la demolición y proponiendo una integración, lo que puede implicar más tiempo y menos ganancias pero, a su vez, responsabilidad a nivel social y cultural. Cuando lo que ves es la destrucción para la construcción de ‘no lugares’, no se puede hablar de progreso sino de oportunismo y negocios. Eventualmente hay arquitectura que representa nuevos valores, pero es la que menos.
Kerbabian subraya que "es imperioso actualizar las normas. Por ejemplo, se protege hasta 1941 y estamos a fines de 2025. Nos encontramos cerca de cien años de historia sin catalogar. Además, tiene que haber asesores de disciplinas diversas, desde historiadores hasta biólogos".
Memoria y zombies
-Natalia, decís que preservar no es contrario a cambiar.
Kerbabian: -Porque preservar no significa cristalizar. Las arquitecturas antiguas muchas veces resuelven cuestiones actuales. No es el caso cuando se demuele todo y se dejan las fachadas. Eso es arquitectura zombie. Es cierto que también había espacios con construcciones que no tenían usos ni valor estético ni arquitectónico o que estaban vetustas y que se podían repensar como lotes, como muchas veces se llama también a las casas que sí servirían. Hay que aplicar la coherencia. Por otro lado, existen tecnologías nuevas, para la sustentabilidad, que tampoco se usan.
-¿Por qué ilustrar para comunicar todo esto?
Kerbabian: -La ilustración tiene un aporte enorme. Mientras uno dibuja, la información te pasa por el cuerpo. Hay una digestión que la carga de intenciones, sin pasos inocentes, con elaboración. También une tiempos: para mí, mi niñez y mi adultez, el afecto de conectar con eso. Y la ilustración permite abrir públicos. Conecta con quienes tal vez no están familiarizados con textos. Se puede leer prácticamente sin rango etario. Sin embargo, es capaz de encender emociones y recuerdos.
Márquez suma: “Los dibujos de Natalia aportan valor visual a partir de la belleza estética, con la paradoja que muchas de esas edificaciones dibujadas que tanto gustan son las que ya no tenemos porque cayeron bajo la piqueta. Abren puertas”.