Índice de Bienestar Urbano: las comunas del norte lideran el ránking mientras el sur sigue rezagado

El documento que elabora el Instituto de Políticas Públicas para la Nación volvió a mostrar desigualdades entre ambos polos de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cuáles son las comunas mejor rankeadas? ¿Cuáles aparecen con las peores variables? ¿Qué analizan los especialistas? El Auditor

por Diego Zelonka

El Instituto de Políticas Públicas para la Nación presentó el Índice de Bienestar Urbano (IBU), una herramienta que muestra, a partir de diferentes indicadores, el desempeño de cada una de las comunas de la Ciudad de Buenos Aires. Estas variables hacen referencia a temas relacionados con la situación habitacional, el desarrollo urbano, la educación y la cultura, el aspecto socioeconómico, la seguridad y el ambiente.

El índice se elabora desde 2016, por lo que muestra un panorama amplio de la evolución a lo largo de los años, así como aquellos aspectos en los que se observa un estancamiento.

Artículo relacionado

El liderazgo lo compartieron las comunas 13 (conformada por Núñez, Belgrano y Colegiales) y la 2 (Recoleta). No llama la atención esto, ya que casi todos los estudios, encuestas e informes que se realizan muestran mejores condiciones en la zona norte de la Ciudad por sobre el resto.

Cuando se elaboró el índice por primera vez, hace nueve años, las comunas que mejores indicadores mostraron habían sido la 11 (Villa General Mitre, Villa Devoto, Villa del Parque y Villa Santa Rita) y la 6 (Caballito). Ambas lideraron el ranking con resultados generales muy positivos.

En la parte baja de la tabla aparecen las comunas 4 (Barracas, La Boca, Nueva Pompeya y Parque Patricios) y 8 (Villa Soldati, Villa Lugano y Villa Riachuelo). La postergación de la zona sur porteña ya se veía en 2016. De hecho, la comuna 4 ya aparecía en la zona baja de los indicadores junto con la 3 (Balvanera y San Cristóbal).

Silvia La Ruffa, politóloga y directora del área de Seguridad de iCiudad, puntualiza en las diferencias que se manifiestan. “La desigualdad entre el norte y el sur se corrobora con el Índice de Bienestar Urbano. Deja de ser una percepción para expresarse en variables concretas. Lo que sí es cierto es que esa desigualdad es heterogénea, ya que lo que sería el centro sur (comuna 1 y parte de la 3), al ser el centro histórico, cuenta con algunos servicios o infraestructuras públicas como, por ejemplo, cantidad de comisarías o escuelas, que después no siguieron hacia las otras comunas del sur", plantea a El Auditor.info.

Y profundiza: "El Índice tiene cuatro dimensiones y cada dimensión tiene cuatro variables. Al analizarlas de manera individual se observa que no hay una única realidad, pero en la construcción del índice general y por dimensiones la tan mentada diferencia entre el norte y el sur de la ciudad se comprueba con datos empíricos. Las gestiones del Gobierno de la Ciudad desde 2016 a la fecha no han modificado ese patrón, aunque en algunos indicadores las situaciones hayan mejorado en términos generales, para toda la ciudad, pero no fue con énfasis especial donde más se necesita”.

Si el norte fuera el sur

Andrés Borthagaray, arquitecto y doctor en geografía y urbanismo por la Université Sorbonne Nouvelle, explica a El Auditor.info: “Son diferencias estructurales que se acumulan desde hace décadas. Los distintos gobiernos han ido formulando formas de intervenir y proyectos a lo largo del tiempo. Las intervenciones tienen mejores resultados cuando están acompañadas de inversiones en infraestructura, equipamiento y políticas en distintos planos”.

"En cuanto a las estrategias desde la normativa -continúa-, como las transferencias de derechos de edificación previstas en el código urbanístico, los resultados han sido previsiblemente magros. Por otra parte, la avenida 9 de Julio es un ejemplo de cómo quedan reflejados distintos modos de abordar estrategias según el sector de la ciudad: desde Constitución hacia el norte es una avenida, mientras que hacia el sur es un bajo autopista. Hoy ya merece una intervención que permita cambiar esa dinámica”.

Por temas

Si se analiza de manera temática, en el plano de la Seguridad, las que mejores variables alcanzaron son las comunas 2 (Recoleta) y 6 (Caballito). Las peores, la 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Monserrat y Constitución) y la 7 (Flores y Parque Chacabuco).

En el ítem Desarrollo Urbano se analizó la distancia al subte, al metrobus o al tren, la oferta cultural, el precio del metro cuadrado y los reclamos por deficiencias en la vía pública. Las comunas peor rankeadas fueron la 4 (La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya) y la 9 (Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda), que recibieron una calificación de “muy negativo”. Las que se ubicaron en la cima del ranking fueron la 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Montserrat y Constitución) y la 15 (Chacarita, Villa Crespo, La Paternal, Villa Ortúzar, Agronomía y Parque Chas).

“Los reclamos más comunes son por la recolección de residuos, la falta de iluminación o el mantenimiento de algunas arterias no principales, no avenidas. En menor medida aparece el funcionamiento de semáforos. En general, entre los más habituales se destaca el problema de la higiene”, aporta La Ruffa.

El futuro llegó hace rato

Muchas personas tienen como premisa que lo mejor está por venir. ¿Qué desafíos presenta la Ciudad de Buenos Aires? “Son varios y se pueden englobar con una estrategia de conjunto: recuperar el centro, que tiene la mejor accesibilidad en transporte público; alinear las políticas urbanísticas con las de movilidad, apostar a proyectos intensivos en inteligencia antes que a proyectos intensivos en capital; recuperar la capacidad y el dinamismo de la red ferroviaria metropolitana y de la red de subte, completando la línea H, de Hospitales a la estación Sáenz; hacer de la línea F y de cada estación un verdadero proyecto urbano”, plantea Borthagaray.

Y va un poco más allá: "A Buenos Aires le sobra cemento y le falta espacio verde, a pesar de contar con un legado histórico de primer orden. Es una ciudad caminable en su mayor parte, pero con una presión sobre la seguridad vial y los peatones como producto de querer acomodar en primer lugar al automóvil. Reducir las velocidades máximas sería un gran paso para reducir siniestros, mejorar la calidad ambiental y el confort acústico".

Para La Ruffa, “el desafío principal es entender la necesidad de pensar políticas públicas que, sin desatender a los barrios del centro y del norte, mejoren las condiciones de los barrios en el sur”.