Doctora en Historia de la Arquitectura, la ensayista lleva décadas investigando sobre el paisaje y el territorio. Clarín
La taza de café siempre a mano, libros de todos tamaños y colores, cuadros, objetos de arte, grabados. Así es el estudio donde trabaja Graciela Silvestri, ensayista, docente e investigadora que ha dedicado su vida a indagar sobre el pasaje, eso que está ahí desparramado, pero que la mayoría mira sin ver.
Se recibió de arquitecta en la FAU UBA y en seguida conformó un grupo junto con Adrián Gorelik (su marido), Fernando Aliata y Anahí Ballent para encarar el doctorado, una experiencia de intercambio constante que continúa hasta hoy.
Su tesis El color del río. Historia cultural del paisaje del Riachuelo -dirigida por Jorge “Pancho” Liernur- fue el punto de partida de una obra donde se entrecruzan la geografía, la historia, las ciencias naturales y por supuesto la arquitectura.
Algunas de las obras de Graciela Silvestri. Foto: Constanza NiscovolosLa cuenca del Plata es uno de los ejes de su producción. En El lugar común - Una historia de las figuras de paisaje, analiza cómo se construyó la identidad nacional argentina y rioplatense a partir de la evolución de las ideas sobre la naturaleza, el territorio y el paisaje.
Docente universitaria, fue también investigadora del Conicet y es profesora invitada en universidades extranjeras. Organizó con Jorge Silvetti el seminario Territorio Guaraní en la Escuela de Graduados en Diseño de Harvard. Con sus aportes teóricos, colabora con grandes estudios de arquitectura en proyectos urbanos.
Medioambiente y paisaje
-Se habla mucho del cuidado del medioambiente, pero no del cuidado del paisaje. ¿Es solo una cuestión nominal o hay un concepto invisibilizado?
-Medioambiente no es exactamente lo mismo que paisaje. Por supuesto, el paisaje tiene que ver con el medio ambiente porque justamente es parte de ese amplio territorio que se llama ambiente, “ambience”.
Una cuestión que está siendo bastante discutida últimamente. Porque esta idea de medio ambiente estaba siempre pensada en función del ser humano y ahora aparece todo el debate de los otros seres que habitan la Tierra, más allá de que no es nuevo.
Ya en la década de 1920 Jakob von Uexküll demostró que la mirada del ser humano no es la misma que la de otros seres vivos. Los pájaros, por ejemplo, perciben cosas que nosotros no percibimos, ¿cómo hacen para organizarse en bandadas? O las hormigas, con su mentalidad comunitaria. En el paisaje se integran muchas cuestiones, el movimiento, los olores, los sabores…
-Dos conceptos recurrentes en su obra, la dimensión física y la dimensión simbólica del paisaje...
-Así es. Por eso uno de mis libros se llama El Lugar Común, pensando en el lugar común a todos. Cómo la Argentina se representa a través de la naturaleza y le da un sentido a esta representación. Como en esos paisajes característicos de Horacio Butler: las casitas, el fondo de montañas, los árboles, el ombú en La Pampa.
Justamente la Argentina tiene montones de paisajes diferentes. Ya que “no tenemos historia”, decían, “tenemos naturaleza”. Y esa naturaleza identificaba cada uno de los lugares, la forma de vivir en cada lugar y el sentido particular que cada uno le daba. Hay una ilustración muy linda con la silueta del país y el paisaje característico de cada lugar. El mapa de la Argentina está hecho de paisajes.
-¿Cuál es la relación de Buenos Aires con el paisaje?
-Hay un problema en Buenos Aires, que está a las orillas de un río, de un estuario. Y uno no ve el río nunca, salvo que tenga un piso sobre Av. del Libertador. En el último tiempo, con la Reserva Ecológica cambió un poco esta situación, pero en los 90 la política era no tocar nada.
Había un humedal en el medio y ni los chicos ni los viejos podían ir, porque metías la pata y te ibas al fondo. No querían asfaltar las calles, pero podría haber puesto pedregullo, un mejorado. Nosotros criticamos duramente esa política de la Reserva: no se podía tocar ninguna planta, cuando en realidad las plantas van y vienen, viajan, como uno bien sabe.
Y la misma reserva es, comillas, artificial. Está hecha con los restos de las autopistas. Y no se sabe si no hay alguna otra cosa debajo. Mi primer libro fue sobre la historia del Riachuelo. En 2008, el poeta Martín Prieto, director del Centro Cultural de España en Rosario, que había leído ese libro, tuvo la idea de recrear el viaje de Ulrico Schmidt, por el Paraná, río arriba.
No fue igual, pero en 2010 lo hicimos, primero en lancha y luego en catamarán hasta Asunción del Paraguay. El proyecto se llamó Paraná Ra’anga, fue una expedición de un mes, multidisciplinaria, con la curadora paraguaya Lía Colombino, el cineasta Mariano Llinás, un astrónomo, un historietista, un fotógrafo… No es lo mismo que ver un paisaje en fotos, o a partir de un drone.
-Algo así como los viajes que emprendían los expedicionarios hace siglos.
-Claro, escuchabas los monos aulladores, los pájaros, los olores, el viento. Podías ver el cielo, que acá no se ve. Una vez que bajamos, la tripulación hizo un mapa, como aquellos del siglo XIX, porque no contábamos con Google. De golpe había un pueblito, una torre, camalotes... un paisaje cambiante, en movimiento.
Proponer discusiones
-Vayamos a la práctica. ¿En qué consiste su participación en obras como ex Palacio de Correos, hoy Palacio Libertad?
-Mi trabajo no tiene nada que ver con la dimensión paisajística. El proyecto completo era una especie de remodelación de ese amplio espacio que hay que transitar para llegar desde Av. Leandro N. Alem a la Reservas Ecológica. No se pudo hacer por diferencias entre los gobiernos de Ciudad y Nación.
Mi intervención fue proponer la discusión: ¿Cuál es el sentido de una Casa del Bicentenario? ¿Cómo habría que hacerla? ¿Cuál es la historia de este edificio? Que era el edificio del Correo, que también fue una pena que lo hubieran vaciado totalmente antes del concurso.
En general mi aporte pasa por lo académico: de dónde viene la historia del lugar, qué habría que resignificar, qué cosas no hay que hacer. A veces incluso me meto en algunas cuestiones de diseño. Pero todo esto finaliza con una memoria descriptiva.
-¿Cómo es eso?
- Muchas veces los arquitectos tan metidos en su propio proyecto hacen una memoria descriptiva que es una simple descripción del trabajo, sin darle sentido justamente a la dimensión simbólica que ese trabajo puede tener, que se complementa con la dimensión física.
En casos como el que mencionamos, el lugar es muy importante. Entonces voy enhebrando las distintas decisiones a través de las memorias descriptivas en las que he participado. Ha resultado muy bien a lo largo del tiempo.
-¿Recuerda otro caso?
-Participé en obras con distintos equipos de arquitectos. En una oportunidad se proyectaba un parque infantil -que no llegó a concretarse- pegado a los terrenos de la Policía Federal, sobre los ríos que llegaban hasta la Costanera Norte.
El concurso lo ganaron Aida Daitch y Victoria Migliori, y en una oportunidad Jujo Solsona me dijo que la memoria descriptiva había contribuido mucho a que fuera elegido. Me detuve en qué terrenos eran, cuál era su historia, al lado de la ex ESMA. ¿Cómo casás eso tan terrible con juegos de niños o un parque donde la gente vaya a descansar?
Incluí un escrito de Julius Fučík, que después tomaron para el Parque de la Memoria. “Hemos vivido por la alegría, por la alegría hemos ido al combate y por la alegría morimos. Que la tristeza no sea unida nunca a nuestro nombre”. Hay otras cosas, sobre todo en los proyectos urbanos, que son más complejas, que tienen muchas más capas.
Paisaje e identidad
-Volvemos a la dimensión simbólica del paisaje.
-Es lo que marca Georg Simmel, un pionero de la sociología. Su concepto de paisaje no se reduce a la naturaleza ni al paisajismo, porque el observador recorta un fragmento del lugar y le otorga ciertos significados que dependen de la cultura. Simmel señalaba también que en aquel momento uno seleccionaba los paisajes procesados por la pintura o la fotografía.
Mirás una fotografía o mirás una pintura y decís “quiero ir allá”. Y también le da sentido a los paisajes urbanos, como en el caso de La Boca. ¿Cómo llega La Boca a convertirse en La Boca? ¿Y por qué no le pasaron por arriba para modernizarla como a otros barrios de Buenos Aires?
La Boca no perdió su identidad. Foto: Reuters/Agustin Marcarian-¿Cuáles fueron esas causas?
-No le pasaron por arriba porque está Quinquela Martín, están los pintores del Riachuelo. Ahí se reunían primero los grabadores negros, mostrando la miseria, los puentes, la vida humilde. El trabajo duro. En eso Quinquela era bárbaro. Mostró a los hombres que iban bolseando, subiendo a los barcos, la mayoría genoveses.
Y las casitas se fueron armando primero de madera, porque trabajaban en madera, y después con la chapa que venía en los barcos y con la pintura de barcos. Con Quinquela ocurrieron varias cosas: en principio no se fue nunca del barrio. Y con (Juan de Dios) Filiberto fueron los primeros que pidieron al municipio que la calle Caminito fuera patrimonio. Es el primer patrimonio urbano, digamos.
Después vino Cecilio Madanes, que hacía obras de teatro en la calle, que la gente miraba desde arriba del puente. Los mismos vecinos trabajaban en la obra. Se daba toda una serie de características comunitarias que impidieron que eso se tirara abajo. Eso ya casi no pasa.
El Riachuelo y los glaciares
-¿Por qué el Riachuelo, o más precisamente la limpieza del Riachuelo, desapareció de la agenda pública?
-La que empezó con el plan de saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo fue Margarita Charrière, con el apoyo de Francia. Porque si bien el Riachuelo no había sido pasado por arriba, era solo agua negra. Todos los desechos iban al río y supongo que así sigue siendo. Las industrias prefieren pagar las multas.
Con Adrián, Beatriz Sarlo y Rafael Filippelli hicimos tres documentales sobre Buenos Aires, con un recorrido por los bordes del Riachuelo donde pudimos ver qué cosas ya no están o qué cosas fueron cambiando.
-Daría la impresión de que ya no importa. ¿Por qué ya no se discute?
-Porque la agenda arquitectónica en Buenos Aires es francamente un desastre. Cuando digo agenda arquitectónica me refiero a que el Gobierno de la Ciudad no da lugar. Apenas hay alguna audiencia pública, sin darle información a la gente común. Salvo ARQ, no quedan revistas de arquitectura.
La Plaza de los Vecinos, también conocida como Manzana 66. Foto: Juano TesoneHasta cerró la librería de la Sociedad Central. Aún sin que pagaran alquiler, convenía tenerla ahí, porque era un lugar de encuentro. Por otra parte, las editoriales de arquitectura ya casi no publican.
No hay conciencia de la importancia de estas cosas. Hace poco arreglaron la Avenida Independencia, acá en mi barrio. No se llamó a arquitectos, ni a paisajistas. Pusieron unos canteros y chau. La historia fue distinta con la Plaza de los Vecinos, en Balvanera, que se conoció como Manzana 66.
Querían poner un estadio pero la gente se movilizó, hubo un debate, apareció el cura de la parroquia. La comunidad.
Por eso es importante llegar a la gente, no alcanza con la academia. Hay que ir a los colegios, llevar a los chicos por la ciudad y mostrarles los lugares importantes, su historia. La pintura, la música, la literatura... Todo eso conforma el paisaje.
-¿Los arquitectos no deberían haberse pronunciado sobre la Ley de Glaciares?
-Otro tema interesante. Hay que llegar a la gente, más allá de la Academia (se refiere a la AcAU). Yo trabajo sobre el paisaje, el tema del agua, el río, me parece fundamental. La hidrovía, por ejemplo. Estamos sobre el acuífero guaraní. Si se draga demasiado profundo en ciertos lugares se contamina el acuífero.
Graciela Silvestri, ensayista e investigadora. Foto: Constanza NiscovolosPor caso, hace unos años hubo derrumbes en partes del Centro Cultural de España, en Rosario. El tema del agua es importantísimo. También por supuesto la minería, que causa desechos tóxicos que van a parar a los ríos.
-Insisto, ¿no habría que instalar el tema?
-Es difícil porque hay distintas opiniones. Por ejemplo, en la Academia de Arquitectura y Urbanismo somos más de 40. No hay una postura que nos represente a todos. Y son temas atravesados por cuestiones políticas.
Digamos, política territorial, pero política al fin. Ciertas provincias están a favor de la ley. No es una discusión sencilla. Por supuesto, soy de las que piensa que sí hay que pronunciarse en estos casos que son centrales para el futuro del país. Somos arquitectos, pero también somos ciudadanos.
Sobre la firma Graciela Baduel
Editora. Escribe en las secciones Arquitectura, Gourmet y Opinión.[email protected]