
Mucho antes de que Palermo fuera sinónimo de diseño, arte y brunchs en terrazas cool, estas tierras albergaban una estancia señorial. El Parque Tres de Febrero, conocido como “los bosques de Palermo”, fue en realidad el epicentro del poder de Juan Manuel de Rosas, quien hacia 1836 lo convirtió en su refugio político y personal. La historia del barrio nace entre estancieros, caudillos, guerras civiles y la arquitectura del poder. Palermo Online
Mucho antes de que Palermo fuera sinónimo de diseño, arte y brunchs en terrazas cool, estas tierras albergaban una estancia señorial. El Parque Tres de Febrero, conocido como “los bosques de Palermo”, fue en realidad el epicentro del poder de Juan Manuel de Rosas, quien hacia 1836 lo convirtió en su refugio político y personal. La historia del barrio nace entre estancieros, caudillos, guerras civiles y la arquitectura del poder.
El Palermo de Rosas: un campo de poder, diplomacia y represión
En 1836, Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y líder del Partido Federal, adquirió una enorme fracción de tierras al norte de la ciudad. Estas tierras habían pertenecido originalmente al convento de San Francisco, y luego fueron loteadas tras la expulsión de los jesuitas por Carlos III en el siglo XVIII.
Allí, Rosas mandó construir su residencia conocida como la “Casa Grande”, una edificación austera pero funcional, rodeada de campos, jardines, molinos, una capilla privada y hasta un pequeño zoológico. El predio contaba también con dependencias para la servidumbre y una posta para carruajes que conectaba con el centro de la ciudad.
Entre los personajes históricos que visitaron la residencia se encuentran Tomás Manuel de Anchorena, su secretario; Manuelita Rosas, su hija, célebre por sus dotes diplomáticas y su papel como “primera dama” del régimen; y Juan Bautista Alberdi, quien años más tarde criticaría duramente el estilo autocrático de Rosas desde el exilio.
La estancia de Palermo fue un centro político clave durante el régimen rosista. Allí se firmaron tratados, se planificaron campañas y se ejercía vigilancia sobre la ciudad. Según documentos de la época, también funcionó como lugar de detención y castigo para opositores, gestionado por la Mazorca, la temida organización parapolicial leal a Rosas, liderada por Ciriaco Cuitiño.
Derrota, exilio y transformación: el fin del Palermo de Rosas
El 3 de febrero de 1852, Rosas fue derrotado por Justo José de Urquiza en la batalla de Caseros, lo que marcó el fin de su hegemonía. Rosas partió al exilio en Inglaterra, donde vivió en Southampton hasta su muerte en 1877. Sus propiedades en Palermo fueron expropiadas, abandonadas y parcialmente destruidas.
Durante años, los terrenos quedaron en un estado de semiabandono. En ese interregno, algunos sectores fueron loteados y otros utilizados por la Municipalidad para fines varios. Pero el punto de inflexión llegaría en 1874, cuando Domingo Faustino Sarmiento, ferviente antirrosista y entonces presidente de la Nación, promovió la creación del Parque Tres de Febrero.
El Parque Tres de Febrero: política, paisaje y memoria
El parque fue inaugurado oficialmente el 11 de noviembre de 1875, con un acto encabezado por el intendente Torcuato de Alvear y el propio Sarmiento. El nombre elegido —“Tres de Febrero”— no fue casual: hacía referencia directa a la derrota de Rosas, con una clara intención de marcar un nuevo rumbo político e ideológico.
El primer diseño del parque fue encargado al ingeniero Jordan Wysocki, de origen polaco, quien trazó senderos, instaló lagos artificiales y propuso un espacio de recreación al estilo de los jardines europeos.
Pero sería más tarde, bajo la gestión del paisajista Carlos Thays, a fines del siglo XIX, cuando el parque alcanzaría su esplendor. Thays amplió el Rosedal, diseñó el Jardín Botánico, instaló pérgolas, glorietas, puentes y esculturas, y convirtió el antiguo campo de Rosas en uno de los parques más admirados de América Latina.
Palermo hoy: una historia que camina entre sombras y flores
Donde una vez flamearon banderas federales y se dictaban órdenes de gobierno, hoy hay barquitos en el lago, artistas callejeros, runners y familias de picnic. Palermo, el barrio más extenso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (15,9 km²), conserva bajo sus avenidas anchas y su glamour moderno una memoria profunda, marcada por las pasiones políticas de nuestra historia.
La estatua de Domingo Faustino Sarmiento, diseñada por Auguste Rodin, frente al Planetario, y el Monumento a Rosas en avenida del Libertador y Tagle, inaugurado en 1999 tras años de debates, muestran cómo la historia sigue disputando su espacio en el mapa porteño.
¿Debe Palermo reconciliarse con su pasado rosista?
¿Es el Parque Tres de Febrero una forma de borrar a Rosas o, paradójicamente, el lugar donde su memoria sigue más viva? ¿Qué dirían hoy Sarmiento y Rosas si vieran sus estatuas enfrentadas, a pocos metros una de otra, en un parque que ambos marcaron?
https://palermonline.com.ar/wordpress/el-origen-oculto-de-palermo/