Un relevamiento presentado por el CPAU y la Fundación Ciudad y dos jornadas de debate con expertos revelan que el tránsito y las obras son las principales fuentes de contaminación sonora. La demanda apunta a la fiscalización y al diseño urbano antes que a nuevas leyes. Clarín
Vivir en Buenos Aires es, para una gran mayoría, convivir con ruidos perpetuos. No es una percepción subjetiva ni un rasgo de hipersensibilidad: el cuarto corte del relevamiento ciudadano sobre Ruido Urbano presentado el 29 de abril por la Fundación Ciudad y el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo arroja cifras que exigen una respuesta inmediata desde el urbanismo y la gestión pública.
Con 730 respuestas válidas al 12 de abril de 2026, el informe es una radiografía de la intolerancia acústica en la que estamos sumergidos.
El dato más contundente indica que el 60,8% de las personas encuestadas afirma que el ruido influye "mucho" en su calidad de vida. Lejos de ser un problema invisible, la contaminación sonora tiene consecuencias físicas y productivas reales: el 48,6% sufrió pérdida de concentración, el 44,5% padeció nerviosismo y un 35,5% tiene insomnio.
El tránsito, uno de los principales generadores de ruido - Foto: Juan José Traverso.En una ciudad donde el teletrabajo se consolidó, el ruido hogareño ya interrumpe las tareas laborales del 31,4% de los consultados.
El mapa del estruendo
El tránsito automotor domina el ranking de molestias. Las sirenas (41,4%), el tráfico callejero (41,4%) y las bocinas (37,5%) son los sonidos que más invaden la privacidad de las viviendas. Al salir a la calle, el denominador común es el transporte colectivo.
El relevamiento permitió identificar una geografía del ruido con "nombre y apellido". Los vecinos señalaron puntos críticos que conforman el "corredor de Palermo".
Colectivos por Avenida Corrientes(el área delimitada por las avenidas Santa Fe, Juan B. Justo, Córdoba y Dorrego, donde la concentración de bares y locales nocturnos potencia el conflicto con el uso residencial). También hay nodos críticos en las avenidas Corrientes, Santa Fe y Pueyrredón.
Dos jornadas de debate en busca de respuestas
Frente a este escenario, el CPAU se convirtió en el epicentro de la discusión al encadenar dos jornadas consecutivas de análisis profundo. El 29 de abril, Día Internacional de la Concientización sobre el Ruido, la apertura institucional liderada por la Arq. Graciela Novoa (presidenta del CPAU) y Mora Arauz (presidenta de la Fundación Ciudad) dio paso a la disección de los datos.
Caos de tránsito por las mañanas en García Lorca y Yerbal - Foto Guillermo Rodriguez AdamiAllí, el Arq. Andrés Borthagaray (integrante de la Comisión de Urbanismo y Medio Ambiente del CPAU) fue el encargado de presentar la devolución detallada del cuestionario ciudadano.
Posteriormente, el Arq. Daniel Ottobre y el Ing. Esteban Lombera (ambos de la UNTREF y expertos en acústica) coincidieron con las alarmas de la OMS, que ubica al ruido como el segundo contaminante ambiental más severo en entornos urbanos, con un impacto directo en el deterioro de la salud y la productividad social.
Al día siguiente, el ciclo "Diálogos Urbanos" subió la apuesta al concentrarse específicamente en el eje "Ruido y transporte automotor". La Arq. Graciela Novoa inauguró la mesa redonda con una advertencia clave sobre la naturalización del fenómeno.
A diferencia de otras agresiones ambientales más evidentes, la contaminación acústica se mimetiza con la rutina de quienes habitan, trabajan y transitan la ciudad.
La jornada sumó las voces de María José Leveratto (presidenta alterna de la Comisión de Urbanismo y Medio Ambiente), Alicia Novick (Observatorio Metropolitano), Pedro Linares (Gerente Técnico del CPAU), el periodista especializado Federico Poore y Javier Altrudi (Defensoría del Pueblo de la CABA).
El plano legislativo estuvo representado por Alejandro Grillo, diputado y presidente de la Comisión de Ambiente de la Legislatura porteña, mientras que la gestión operativa sumó los aportes de Natalia Neri, por la Dirección de Transporte Colectivo de Pasajeros del GCBA.
Acciones posibles y urgentes
La agenda propuesta para mitigar este impacto no espera por soluciones mágicas como la electrificación total de la flota vehicular, un proceso que demandará décadas. Los especialistas proponen intervenciones de bajo costo y alto impacto que combinan el control técnico, el diseño y la política pública.
Autos eléctricos e híbridos de BYD en el puerto de Zárate - Foto: Xinhua/Juan Manuel FogliaLa fiscalización activa surge como el primer peldaño indispensable, dado que el 42,9% de los vecinos cree que el camino es hacer cumplir la Ley 1540 (de Contaminación Acústica), una norma atrapada en una marcada brecha de cumplimiento y cuyo desconocimiento alcanza al 82% de la ciudadanía.
En este sentido, Silvia Cabeza, especialista en acústica y autora de la mencionada ley, aportó su visión técnica sobre la urgencia de actualizar y utilizar el mapa de ruido como una verdadera herramienta de gestión urbana para auditar colectivos, motos, autopistas y zonas de actividad nocturna.
En el plano de la movilidad, el mantenimiento técnico preventivo ofrece respuestas inmediatas: acciones directas como el control del sistema de frenos en colectivos (el chirrido metálico es una de las mayores quejas vecinales) y la revisión estricta de los caños de escape libres en motocicletas reducirían drásticamente el ruido mecánico actual.
A esto se añade la gestión de velocidad a través de la implementación de límites de (30 km/h) en zonas residenciales, una medida que no solo incrementa la seguridad vial sino que disminuye notablemente el ruido de rodadura (la fricción del neumático con el pavimento).
Operativo de la Ciudad en Figueroa Alcorta y Echeverría por las picadas en 2025.Finalmente, la arquitectura se posiciona como una barrera física activa. El diseño urbano contemporáneo debe incorporar el cumplimiento estricto de las cláusulas de aislamiento mínimo fijadas en el Código de Edificación (2022).
El planeamiento de fachadas con aislamiento acústico reforzado, la incorporación de pantallas vegetales y la disposición de un arbolado denso en los corredores viales clave pueden mitigar entre 3 y 8 decibeles el impacto sonoro en el interior de los edificios.
El arbolado, una solución para mitigar algunos decibeles - Foto: Rafael Mario QuinterosEl debate dejó en claro que la problemática se atomiza de manera diversa según los barrios, lo que exige diagnósticos específicos de cara al futuro Código Ambiental de la Ciudad.
El desafío para los proyectistas y gestores urbanos ahora es transformar este mapa de molestias en una hoja de ruta para una Buenos Aires más silenciosa y, por ende, más sana.